Una historia que necesitas leer
Todo empezó con una taza de té en la cocina de mi abuela…
Cuando era niña, recuerdo a mi abuela Rosario revolviendo una olla con hierbas que ella misma cortaba del jardín. Cada vez que alguien en la familia se enfermaba, ella tenía un remedio. Y siempre funcionaba.
Pero con los años, dejamos de creer en eso. Cambiamos la manzanilla por pastillas. El boldo por jarabes con nombres impronunciables. El tomillo y el eucalipto por antibióticos que cada vez funcionan menos.
Hasta que un día, todo cambió.
Empecé a sentirme cansada todo el tiempo. Dormía mal. Mi digestión era un desastre. Iba al médico, salía con tres recetas y volvía igual. Una mañana, abriendo un cajón viejo, encontré un cuaderno de mi abuela con sus recetas escritas a mano.
Lo que descubrí ahí, comparándolo con estudios actuales de universidades en México, Argentina y Colombia, me dejó sin palabras: la ciencia moderna está confirmando, una a una, las recetas que nuestras abuelas conocían hace 100 años.



